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El Salvador General Rusia

Carta abierta al Embajador de Rusia

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Nací en Europa pero pasé la mitad de mi vida en El Salvador. Un país al que amo y por el cual, también por mis hijos, deseo un futuro alejado de las sombras del presente.

El papel de Rusia a nivel mundial es cada dìa más importante. Desde que fue derrocado el régimen fantoche de Boris Yeltsin, la Nueva Rusia de Putin ha empezado a ser un faro para muchos pueblos que buscan reafirmar su soberanía y su voluntad de un renacimiento nacional. Pero El Salvador, este El Salvador, es un caso sui generis.

Treinta años de un sistema clientelar, incapaz y corrupto. Treinta años de una educación menos que tercermundista. Treinta años de iglesias milenaristas que se encargaban de alejar al ciudadano del empeño político. Este caldo de cocido un personaje como Nayib Bukele. Alguien que nació y creció en la sombra de los poderes (FMLN) que armaron el sistema que él dice querer destruir. Nadie arrasa con lo que le sirvió para llegar donde está. Ni ciencia política es esta… es lógica.

No creo que Vladimir Putin pueda dejarse apantallar por un personaje de tan baja talante política y estratégica. Minar las relaciones con EE.UU. cuando allá viven más de tres millones de salvadoreños que con sus remesas mantienen a flote el país, linda con lo demencial.

Fingir una encrucijada contra la oligarquía al son de insultos y amenazas en Twitter a empresarios que le caen mal… lo dice todo. Ojalá un día ese señor lea y vea como un auténtico jefe de Estado, Putin, supo arreglar sus diferencias con el conjunto de empresarios rusos: Diplomacia, cordura, respeto para hacerse respetar, inteligencia, agudez, practicidad, meritocracia. Aquí no: de todos estos términos, lo opuesto. De la burda intolerancia al bajo amiguismo.

Es más que justa y honrada la voluntad de Rusia de no intrometerse en los asuntos políticos internos de sus socios. Todos esperamos que siempre se mantenga tal postura hacia los amigos. Y todos esperamos que Rusia y El Salvador encuentren intereses económicos comunes que sean de mutuo beneficio.

Ojalá nazcan pronto acuerdos de país, pero de país, que vayan posiblemente más allá de la coyuntura histórica que ve un solo hombre con delirios de megalomanía hacerse con todo el poder.

Su paso será efímero, como su propaganda, pero el pueblo salvadoreño se quedará. Y tendrá necesidad de buenos amigos.

De la Federación Rusa podemos aprender mucho: la seriedad, la constancia, la coherencia, un nacionalismo arraigado a la tradición y a la historia, la voluntad de hierro de defender lo justo hasta enfrentarse con todo el mundo (de mi parte, mil gracias por haber siempre apoyado al pueblo serbio) y no por caprichos o berrinches.

Tenemos un largo camino que recorrer y sería muy provechoso hacerlo con Rusia.

En aras de todo esto solo espero, y seguro no soy el único, que la Federaciòn Rusa no se deje arrastrar en un juego de política interna salvadoreña presa de las tergiversaciones esquizoides su mandatario. Ya lo hizo con China.

No intervenir en los asuntos internos es también no permitir que los socios te usen por su interés electorero.

Siempre con cuidado hermanos eslavos y ortodoxos… a no «Метать бисер перед свиньями».

Esta gran enseñanza aprendí en tierra serbia ortodoxa: «Само слога Србина спасава».

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