Patria Exacta

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El Salvador General

El Supremo Lider

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Luces… Cámaras… ¡Acción! Se abren las puertas a la cadencia de una sinfonía rimbombante.

Se logran ver los destellos de unas calcetas brillantes moverse rápidamente sin compás alguno, y de fondo la música de banda de paz clásica del Pabellón Nacional, pero sin pabellón. El Supremo Lider avanza caminando flanqueado por dos soldados de gala.

De fondo, una voz en Off anunciando a su magnificencia: «A continuación se dirigirá al país el Excelentísimo Señor Presidente de la República Nayib Bukele».

Este es el escenario normal de cuanta cadena nacional podamos ver en El Salvador en los últimos dos años. La megalomanía caminando, al mejor estilo Vladímir Putin en el Kremlin.

No hay una sola foto o video oficial mal colocado. Todo un aparato propagandístico muy bien montado, muy bien medido, muy bien estudiado.

Al rededor de la imagen del Soberano Sultán una bandada de golondrinas volando de manera desordenada y sin ningún autocontrol, hasta que él pone el orden.

En este aparato gubernamental de propaganda recae la responsabilidad de toda la imagen institucional, y por ende es el responsable de mantener soportados a todos los funcionarios del gobierno (llámense ministros o diputados, que ahora son prácticamente lo mismo) bajo la inmaculada imagen del ciudadano Presidente.

Tan importante es la imagen del Presidente que no hay una sola declaración de ningún funcionario público afín al Gobierno que no vaya acompañada de la frase «gracias a los esfuerzos del Presidente Nayib Bukele».

¿Por qué es tan importante su imágen? Sencillamente porque todos los diputados de la autodenominada «Bancada Cyan» son totalmente desconocidos. Jovencitos sin experiencia. Los pocos que tienen experiencia y que no son jovencitos son dones reciclados de otros partidos que han encontrado un nicho de oportunidad para «mantenerse en la jugada». La imagen del Presidente les da credibilidad a los novatos y limpia de sus pecados a los lobos. Algo así como la postalita de la virgen en la cartera.

En la Asamblea Legislativa la cosa es tan evidente: toda una aplanadora celeste al servicio incuestionable del Sultán. Perdón, al servicio del Ejecutivo. Una bancada de diputados pasa papeles que ni siquiera se toman la molestia de, por lo menos, leer las piezas de correspondencia que aprueban de forma express levantando la mano hasta de forma sincronizada, cual danza en piscina se tratara.

Desde todo este aparato propagandístico, a todos los que disienten del pensamiento oficial le llaman peyorativamente «oposición», «los mismos de siempre», «el 3%», indiferentemente de lo que se diga, e indiferentemente de los argumentos que se presenten. Y ni hablemos de atajo de troles de propaganda digital ni del rebaño de incautos adormecidos. Ese ya será tema de otro día.

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