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China El Salvador

El Oro de Pekín

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La República Popular de China es la segunda potencia del Mundo. Militarmente y economicamente. En el siglo pasado lo fue hasta ideológicamente, porque su versión de comunismo a influenció muchos movimientos de izquierda. En AL, Sendero Luminoso en Perú, con dinero chino, libró una guerra al Estado que costó más de 32,000 víctimas y daños económicos por más de 42,000 millones de dólares. Vaya presentación. 

¿Cambió China desde entonces? No. Simplemente entendió que hoy se hace imperialismo con el dinero, con las sonrisas y no con las armas. Políticamente sigue siendo un país no democratico, a partido único, que pone su crecimiento económico encima de los derechos de sus propios ciudadanos. 

LA INVASION DEL CONTINENTE NEGRO

China, a pesar de su tamaño, es relativamente pobre en recursos naturales. Su consumo interno queda rezagado. Tiene excedentes que su mercado  no puede absorber.  Por consiguiente, para el correcto funcionamiento de su modelo, necesita  consumidores de materias primas y mercados en el exterior que absorban la sobreproducción. Y es aquí cuando entra en juego el continente africano.

China es hoy el mayor importador de petróleo del mundo, y parte del mismo lo importa, por ejemplo, de Sudán y de Angola. Se abastece de uranio para su energía, y se lo lleva de Namibia y Níger. Finalmente entra en esos países: promesas de obras faraónicas, típicas catedrales en el desierto, y sobornando clases políticas corruptas hasta la médula.

Gracias a la lluvia de dólares que manda China, en las capitales de los estados más pobres del mundo, circulan Ferrari y Lamborghini. ¿Y qué? China no se mete en la política (corrupción) de sus socios… lo importante es hacer negocios.

Caso Kenia (2017-2019): adeuda 364.000 millones de chelines (unos USD 3.346 millones) con Pekín por un ferrocarril que conecta la ciudad de Mombasa con Nairobi. Los activos de la Autoridad Portuaria Nacional (KPA) se utilizaron como garantía para el préstamo por dicha línea ferroviaria y, los políticos de Kenia, sobornados por China, decidieron renunciar a la inmunidad de su país en caso de litigio relacionado con el impago de ese préstamo. ¿Resultado? La probable futura cesión por parte del país de los activos de KPA, entre los cuales se encuentra el puerto de Mombasa, el mayor de Kenya. Ahí el respeto de China por la soberanìa de sus socios. Pero, al fin, tienen razón ellos: son negocios, no filantropía. 

Me detengo aquí. El panorama es lo suficientemente claro. Para los celestinos o Cyanes:  estas son cosas que deberían saber y no solo confiar ciegamente en el Verbo del PRESI Bukele. Que además es campeón de las contradicciones: antes decía, bien argumentando además, que los chinos no eran de fiar. Luego que EEUU lo criticó, se tiró con ellos. Logró fundar una nueva rama de las ciencias políticas: la geoestrategia del berrinche.

Y, con dichas premisas, sus adeptos, muy very cool, hay que admitirlo,  pretenden decir a los críticos como escribir y argumentar. Definitivamente el síndrome chino dió los primeros resultados: los patos le tiran a las escopetas.

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